Peratallada: el pueblo que parece un decorado y resulta que no lo es

Peratallada. Fui un sábado de octubre. Ya sé, ya sé. Pero es lo que había.

Llegué antes de las diez pensando que me adelantaba a la gente. El aparcamiento ya estaba medio lleno. Señal de que otros habían tenido la misma idea, y se habían levantado antes. Bueno. Cogí la mochila y entré por el arco de piedra que da al casco antiguo.

Callejones medievales de Peratallada, pueblo del Baix Empordà

Peratallada. El nombre viene de pedra tallada, piedra tallada. No es un apodo que alguien inventó para hacer bonito. Es una descripción literal: un bloque de roca al que la gente del Baix Empordà lleva tallando desde el siglo X. Casas, calles, arcos, fosos. Todo de la misma piedra. Todo del mismo color ocre que cambia según dónde da el sol.

La primera vez que lo ves, piensas que es demasiado perfecto para ser real. Que alguien lo construyó para una película. Y eso que no tiene nada de decorado: tiene tres recintos amurallados concéntricos, un foso seco que los rodea todo, y una señora sacudiendo una alfombra desde el primer piso que te deja claro que aquí vive gente de verdad.

Los callejones de Peratallada

Me perdí. A propósito, más o menos.

Los callejones de Peratallada no llevan todos a algún sitio. Algunos giran, suben, se estrechan y acaban en una pared de piedra o en la puerta cerrada de una casa. Al principio intentas orientarte. Luego te rindes y lo disfrutas más. En algún momento encontré unas escaleras entre dos fachadas que no tenían ningún cartel explicando adónde iban. Subí. Daban a una especie de paso elevado entre dos edificios con vistas al foso.

No había nadie más. Son las diez de la mañana de un sábado y no había nadie más.

Eso en Peratallada dura poco, pero en ese momento, leñe, que bien.

El foso seco de Peratallada

El foso seco me pareció de lo mejor del pueblo, y es lo que menos gente mira. Todo el mundo entra por el arco, fotografía el callejón típico, sube al castillo y se va. El foso está fuera del recinto amurallado, lo rodeas casi sin darte cuenta si vas directo a la entrada, y es exactamente el tipo de cosa que parece secundaria hasta que te paras un momento y piensas que llevas siglos ahí sin que nadie haya decidido convertirlo en parque temático.

Calle medieval empedrada en Peratallada, Baix Empordà

No tiene valla de seguridad. No tiene carteles. Tiene hierba, barro seco en los bordes y alguna piedra suelta que tienes que calcular bien para no romperte el tobillo. Me parece lo correcto.

Dónde comer y dónde tomar el café

Sobre las once me senté en la plaça de les Voltes con un café. El bar de la esquina, sin nombre especial, con tres mesas en la terraza. Dos señores llevaban un rato tomando un café. El café era café. El croissant era de mantequilla, de los que se deshacen. Sin historia detrás, sin nombre en el menú.

De cabeza que repetiré cuando vuelva.

Para comer bien en Peratallada hay que ir con un poco de cabeza. En octubre, el primer fin de semana, es la feria medieval y los restaurantes de la plaza están llenos desde el mediodía. Si vas ese fin de semana sin reserva, lo tienes crudo. Cualquier otro día, el suquet de peix es lo que tienes que pedir, y los quesos artesanos locales con miel del Baix Empordà. No porque lo diga una guía, sino porque la zona produce ambas cosas y tiene todo el sentido del mundo comerlas ahí.

El castillo medieval

Subí al castillo porque siempre subo. No es espectacular en el sentido cinematográfico: no tiene sala del trono ni torretas de película. Es una fortaleza medieval de las de verdad, de las que servían para vivir y defenderse, no para quedar bien. La torre principal se mantiene en pie. Desde arriba ves el Empordà: campos planos, algún árbol, el verde tirando a ocre.

Sin taquilla. Sin horario de visita oficial. Sin guardia en la puerta. No sé si es un descuido o la mejor política de acceso al patrimonio que he visto en mucho tiempo. Me inclino por lo segundo, pero quién sabe.

Me fui a la una. Para entonces el pueblo era otro. Los callejones que había recorrido solo dos horas antes tenían grupos con guía, familias con niños, parejas haciéndose la foto en el arco de siempre.

Vista del castillo de Peratallada y el Empordà desde lo alto

El arco, por cierto, lleva ahí desde el siglo XI y le importa cero cuántas fotos le hagan.

Mientras volvía al coche pensé que Peratallada tiene una trampa al revés. No es el sitio que pretende ser auténtico sin serlo, que hay muchos. Es el sitio que parece falso porque está demasiado bien conservado, y resulta que no lo es. Que la señora de la alfombra vive ahí. Que el hombre de la radio lleva toda la vida en esa silla. Que el niño en bicicleta que te esquiva lleva esquivando turistas desde que tiene uso de razón y lo hace con una naturalidad que da envidia.

No sé. Me gustó más de lo que esperaba, y ya esperaba que me gustara bastante.

Publicaciones Similares